MARAVEDIS.NET - MONEDAS ESPAÑOLAS
   

REYES DE ASTURIAS
escudo de Asturias  

Reino de Asturias a lo largo del tiempo


 
Don Pelayo
PELAYO (718-737)

Primer Rey de Oviedo (718-737), según señala la Crónica Albeldense al situar, tras Rodrigo, el epígrafe Ordo gotorum obetensium regum (relación de los Reyes Godos Ovetenses), que inicia Pelayo. Fundador de la jefatura independiente del poder musulmán, bajo el cual se hallaba la mayor parte de la Península Ibérica desde la derrota del rey Rodrigo en la Batalla de Guadalete - 711 d.C.-, que dio origen al Reino de Oviedo. En el año 718 es elegido caudillo de los astures y de los hispanos-godos refugiados en Asturias, consiguiendo derrotar a los sarracenos en la Batalla de Covadonga. Batalla que para Claudio Sánchez-Albornoz habría tenido lugar en 722, mientras que historiadores más recientes han sugerido pudo haberse producido en el mismo año 718, tratándose en realidad la ofensiva de una respuesta a la elección de Pelayo.
La escasez de material documental de la época y las contradicciones entre las crónicas musulmanas y cristianas (las Crónicas Asturianas redactadas en el penúltimo decenio del siglo IX en el ambiente neogoticista de la corte ovetense), hacen que no estén claras ni la ascendencia ni las circunstancias históricas en que llegó a Asturias y fue investido rey. Posteriormente, las mistificaciones legendarias y las historiografías romántica y eclesiástica incrementaron el confusionismo; como reacción al mismo surge una línea interpretativa hipercrítica, defendida por Julio Somoza, que negaba la veracidad de la Batalla de Covadonga y la propia existencia de Pelayo basándose en que la crónica más próxima a los hechos, la Mozárabe o Continuatio Hispana de 754, no menciona nada al respecto. Tal silencio, sin embargo, no constituye de por sí una prueba concluyente, por cuanto que pudiera atribuirse a una minusvaloración interesada de los hechos por el autor.
La Crónica Rotense presenta a Pelayo como un noble godo, espatario de los reyes Vitiza y Rodrigo, sin mencionar su genealogía. Aunque, al relatar el diálogo de Pelayo con el obispo Oppas en Covadonga (ver: Batalla de Covadonga), cuenta que éste llamó al caudillo confrater (primo), con lo que Pelayo sería descendiente del rey Chindasvinto. Por su parte, la crónica Sebastianense dice que era hijo del dux Favila o Fafila, desterrado por el rey Egica a Tuy y asesinado por el hijo de éste, el futuro rey Vitiza –si se acepta esta versión parece difícil que Pelayo pudiera haber sido espatario, algo similar a un pretoriano, del matador de su padre como afirma el ciclo alfonsino-, quien una vez ciñó la corona expulsó de Toledo a Pelayo por considerarlo un virtual conspirador. Sin embargo, la Crónica Albeldense señala que Pelayo era hijo de Bermudo y nieto del rey Rodrigo.
El nombre Pelayo (Pelagius) no es germánico sino latino, lo que para Garibay y Menéndez Pelayo apuntaría a un origen hispano-romano; a favor de esta hipótesis puede aducirse también que según la versión Rotense de la crónica alfonsina Pelayo es elegido caudillo en un concilium por los habitantes de los valles interiores del oriente asturiano (la versión erudita, Sebastianense, posterior, presenta notables divergencias en este punto: Pelayo habría sido elegido por la nobleza goda refugiada en la región y no por los pobladores), un proceso desconectado de cualquier mecanismo político visigótico, pero precisamente éstos, fundamentalmente vadinienses y organomescos (tribus más bien cántabras que astures, sobre las cuales la influencia romana y visigoda fue muy tenue), habían protagonizado una insurrección contra el rey Wamba veinte años antes, por lo que no parece plausible que escogieran como líder a un enemigo reciente. Asimismo, las crónicas cristianas y musulmanas dan cuenta de estrechos vínculos de Pelayo con Asturias: según el testamento de Alfonso III poseía tierras en Tiñana, Siero, cerca de Lucus Asturum; los cronistas musulmanes Al-Akir y Al-Nuwari citan un lugar conquistado por Muza entre los años 712 y 714 llamado Roca de Pelayo que algunos historiadores han identificado con el Cerro Santa Catalina de Gijón, lo que Pelayo pudiera haber sido también un jefe local. No hay en todo caso una opinión generalizada, si bien Sánchez-Albornoz, tras dedicar buena parte de su obra a esclarecer la cuestión, se inclinó por la versión clásica atribuyéndole filiación goda, no han dejado de sucederse hipótesis sobre un origen vasco, astur, lebaniego o gallego.
Con respecto a la llegada de Pelayo a Asturias, según la Albeldense habría ido allí al ser expulsado de Toledo por Vitiza, por tanto antes de la invasión musulmana. La Rotense sitúa su llegada, acompañado de su hermana, en un momento en que Munuza era ya gobernador de Gijón. La erudita o Sebastianense no precisa el momento, posterior sin embargo a la invasión musulmana, refiriendo que tras la desaparición del Reino de Toledo parte de la aristocracia goda se refugió en las montañas asturianas y eligió como jefe a Pelayo. En lo tocante a la elección de Pelayo como caudillo, la Albeldense cuenta, sucintamente, que fue el primero en reinar en Asturias durando su mandato diecinueve años, y el primero en iniciar la rebelión contra los agarenos. La Rotense ofrece un relato mucho más amplio y detallado según el cual Pelayo habría sido enviado a Córdoba por Munuza con el pretexto de una comisión para contraer matrimonio con su hermana durante su ausencia –lo que no deja de tener lógica puesto que los musulmanes trataron de consolidar su autoridad política casándose con miembros de la aristocracia goda e hispano-romana-; Pelayo regresa de Córdoba en el verano de 717 y desaprobando el enlace se rebela abiertamente, por lo que Munuza solicita hombres a Tarik para apresarlo –Pelayo debía contar por tanto con algún grupo de fieles-. Acampado en Bres o Brece, identificado con Piloña, territorio de los luggones cuya capital era Beloncio, es descubierto por sus perseguidores iniciando una huída y logrando perderlos al vadear el río Piloña para internarse después en los valles del interior oriental de Asturias, cuyos habitantes celebraban un concilium. La narración de la Rotense cuenta a continuación la elección de Pelayo por parte de los reunidos en la asamblea, tras impresionarlos con una arenga en la que alentaba a la rebelión contra los sarracenos. Como ya hemos comentado la Sebastianense dice, lo que obedece seguramente al ambiente ideológico en que se redacta, que la elección de Pelayo habría correspondido a nobles godos y no a los naturales. Es interesante subrayar que Sánchez-Albornoz, sin prejuicio de considerar a la monarquía asturiana y al propio Reino de Oviedo como continuadores del Reino de Toledo, se decanta por el origen popular de la rebelión: “Pelayo, príncipe de los astures y no rey de los godos (…). Caudillo de una rebelión popular y no rey de una aristocracia dividida y vencida…” (El Reino de Asturias. Orígenes de la Nación Española. Colección Biblioteca Histórica Asturiana. Edición: Silverio Cañada. Gijón 1989. Página: 99).
Sánchez-Albornoz considera que la elección de Pelayo debió tener lugar en 718, transcurriendo cuatro años hasta que el valí de al-Andalus Anbasa, elegido en 721, organizó una expedición de castigo a las órdenes del Alkama o Alqama, entre cuyos miembros habría ido según las crónicas alfonsinas el obispo Oppas, hijo del rey Vitiza. Tal interregno, cuestionado por algunos historiadores que fechan la Batalla de Covadonga en el mismo 718, se habría debido a que los muslines trataban entonces de conquistar la Galia y consideraban insignificante la rebelión astur. Alkama perece en la Batalla de Covadonga quedando mermados los efectivos musulmanes y huyendo los supervivientes a través de Enol y Bufarrera hasta llegar, tras vadear el río Cares y subir Amuesa, al valle de Liébana y después a Cosgaya donde según las crónicas fueron sepultados por un corrimiento de tierras. Enterado de la derrota, Munuza trata de huir cayendo en una celada en Olalíes o Olaya, en la que muere.
Tras la victoria en Covadonga, Pelayo hizo extensiva su autoridad al menos hasta la cuenca del Nalón; estableció no obstante su corte en Cangas Onís, muy cerca de Covadonga para poder refugiarse de nuevo en los Picos de Europa en caso de incursión sarracena. Poco después entra en escena Alfonso, de estirpe goda, hijo del dux Pedro de Cantabria, y futuro Alfonso I que, según la Albeldense casó con la hija de Pelayo, Ermesinda, por iniciativa de éste. La Rotense relata que Pelayo, a cuyo incipiente núcleo de resistencia afluyeron nobles cántabros y vizcaínos y seguramente buen número de partidarios del malogrado Rodrigo que habían buscado refugio en la corte de Carlos Martel, logró junto a su yerno importantes victorias.
Tras diecinueve años de reinado Pelayo fallece en Cangas de Onís siendo sepultado en la Iglesia de Santa Eulalia de Abamia, según la Crónica del obispo Pelayo, donde también sería enterrada su esposa Gaudiosa. Alfonso X trasladaría sus restos a la Santa Cueva de Covadonga, junto al Altar de la Santísima Virgen. A fines del siglo XVIII, se grabó el siguiente epitafio: «Aquí yace el santo rey D. Pelayo, electo el año de 716, que en esta milagrosa Cueva comenzó la restauración de España. Vencidos los moros, falleció el año 737 y le acompaña su mujer y hermana». La tradición le atribuye haber rescatado de Toledo las obras de San Isidoro, San Ildefonso y Juliano, así como las reliquias procedentes de Jerusalén, que permanecieron en Monsacro, Morcín, hasta que Alfonso II ordenó su traslado a la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo. 
Favila
FAVILA (737-739)
Favila o Fáfila, rey de Oviedo (737-739). Era hijo de Pelayo y conservó su reino gracias a las revueltas y disensiones árabes. Sucedió a su padre en el año 737. Ocupado en satisfacer sus gustos y aficiones, murió víctima de ellas en una cacería, siendo alcanzado por un oso por imprudencia al segundo año de su reinado. Así lo relata la famosa Crónica Albeldense: «Iste Fafila levitate ductus, ab urso est interfectus».
Favila contrajo matrimonio con Froiluba. En la lápida de la Iglesia de Santa Cruz, se hacía referencia a las dos hijas de Favila, Fainia y otra hija que que fue religiosa en el Monasterio de San Salvador de Oviedo.
Favila mandó construir una iglesia en Cangas de Onís en honor a la Santa Cruz, (según algunos autores como Sebastián de Salamanca, este fue su único logro) donde colocó para su guarda la cruz de roble, la Cruz de la Victoria, con la que su padre Pelayo había vencido, tal y como consigna la Crónica de Alfonso III, versión Rotense: «basilicam in honore Sanctae Crucis miro opere construxit». Restaurado por los marqueses de Valdés, este templo sufrió desperfectos durante la guerra civil. Sin embargo, aún se conserva la lápida de su fundación: «Sea agradable a Cristo esta iglesia por el trofeo de la cruz, la cual su siervo Favila edificó con su probada fe, con Froilubia su mujer y sus hijos, los cuales por tu merecimiento, ¡oh Cristo!, tengan cumplida gracia y después de esta vida misericordia eterna», fechada en el año 739. Bajo la losa se encuentra sepultado el matrimonio junto a sus hijos.
Se atribuye a Favila la derrota de un cuerpo de caballería árabe en la vega de Santa Cruz.
Alfonso  I
ALFONSO I (739-757)
Rey de Oviedo (739-757). Era hijo del duque de Cantabria, Pedro, y yerno de Pelayo, al estar casado con la hija de este, Ermesinda. Fue elegido rey por los astures a la muerte de su cuñado Favila, quien no había dejado sucesor, por lo que Alfonso fue rey según lo dispuesto por Pelayo (739). Don Alfonso ensanchó y consolidó su reino, dirigiéndose a Galicia, y venciendo la resistencia de los árabes huidos por Astorga y León, empujándolos al otro lado del Duero y llegando a las tierras de Coria y Mérida, plazas fronterizas.
Se le considera el iniciador de la expansión del reino de Oviedo frente a los musulmanes, divididos por luchas internas, como la sublevación de los bereberes frente a los árabes, y aprovechando el hambre, que de 750 en adelante hizo estragos en las comarcas leonesas. Junto a su hermano Fruela, recorrió en triunfo Galicia y el norte de Portugal hasta llegar al Duero, traspasando el río en sus incursiones, así como las comarcas de la cuenca alta del Ebro. El autor de la Crónica Albeldense consigna la conquista de León y Astorga por su parte; la Crónica de Alfonso III es más prolija, desde la costa Atlántica a las tierras de Vardulia, penetrando entre los vascones.  
Recreación de Alfonso I y su esposa Ermesinda, siglo XVIIITras su avance, se dirigió a la parte oriental hasta los campos llamados Góticos. Según la Crónica de Alfonso III se apropió de las siguientes treinta y dos ciudades: Lugo, Tuy, Oporto, Anegia, Braga, Viseo, Chaves, Ledesma, Salamanca, Zamora, Ávila, Astorga, León, Simancas, Saldaña, Amaya, Segovia, Oca, Osma, Sepúlveda, Arganza, Clunia, Mabe, Oca, Miranda de Ebro, Revenga, Carbonárica, Abeiga, Cenicero, Alesanco y otras muchas. Prosiguió su victoria por Briviesca y La Rioja, así como por Navarra, Álava y Vizcaya. Saqueó y dejó yermos los campos, para evitar que volvieran los musulmanes. Aún no consolidadas por falta de medios, estas conquistas tendrán una importancia decisiva para el porvenir del reino de Oviedo. La zona desértica entre la Cordillera Cantábrica y el Duero, territorio creado por la devastación de Alfonso, aseguró su pervivencia. Sus habitantes fueron trasladados a las tierras transmontanas, desde Galicia al río Nervión, para repoblarlas. Asimismo, los esfuerzos de Alfonso lograrán consolidar un movimiento de Reconquista y de fundación de España, siendo Oviedo el núcleo directivo de los demás de la resistencia peninsular. Al no contar con hombres suficientes, Alfonso se afianzó en los distritos más fáciles de defender y más próximos al núcleo primero, llevándose a los mozárabes. Levantó muchas catedrales allí donde llegó. Finalmente, falleció en Cangas de Onís, hacia el año 757, siendo sepultado en el monasterio de Santa María, con su mujer Ermesinda. Sus restos fueron trasladados el año 874, junto a los de Pelayo. En su sepulcro se lee la inscripción del siglo XVII: «Aquí yace el católico y santo rey don Alfonso primero y su mujer doña Hermesinda, hermana de don Favila, a quien sucedió. Ganó este rey muchas victorias a los moros. Falleció en Cangas, año 757» .

FRUELA I (784-768)

Rey de Oviedo (757-768), hijo mayor de Alfonso I. Fue conocido como un monarca severo y cruel, así como belicoso al igual que su padre Alfonso. Fue el fundador de la ciudad de Oviedo (761), ciudad que convirtió en obispado. En 759 se enfrentó a Juzef, gobernador de Córdoba, quien se había internado hasta Galicia, encontrándose ambos ejércitos en Pontuvio o Pontumio (¿Pontedeume?), donde el musulmán fue derrotado, pereciendo su valedor en la batalla, el príncipe Umar, hijo de Abderramán. Esto favoreció la llegada de los Omeyas a España, siendo entronizado Abderramán, quien mandó a su liberto Bedr contra los cristianos, llegando a Álava y consiguiendo rehenes y tributos, hacia el año 766 o 767. Llegando a Castilla logró un tratado que obligaba a los cristianos a entregar anualmente diez mil onzas, diez mil libras de plata, diez mil caballos, diez mil mulos, mil cotas de malla, mil cascos y mil lanzas de asta de fresno, completamente excesivo. Abderramán siguió camino a Galicia y sitió Pax Julia (Beja), siendo liberada posteriormente por Fruela, quien siguió repoblando las tierras gallegas hasta el Miño, fijando en este río la frontera del reino astur por su flanco suroccidental. Asimismo, Fruela tuvo que hacer frente a la sublevación de los vascones, integrándolos junto a Galicia en el reino astur y sometiéndolos en el 761. En esa campaña consiguió como parte del botín una joven llamada Munia, hija de Eudón, duque de Guiena, con la que se casó. De esta unión nació Alfonso II y doña Jimena, la madre del héroe Bernardo del Carpio.
Entre sus mayores errores, se señala que Fruela cometió la indignidad de asesinar a su hermano Vimarano lo que provocó un gran malestar. Para limpiar su nombre, nombró sucesor a Bermudo. Sin embargo, esta decisión no aplacó las iras, pues los suyos, en especial su primo hermano Aurelio, se conjuraron contra él y le dieron muerte en Cangas, en 768. Fruela fue sepultado con su esposa Munia en la iglesia erigida por él al Salvador y a los doce Apóstoles, en Oviedo

AURELIO (768-774)

Rey de Oviedo (768-774). Tras el asesinato de Fruela I, y siendo la corona en aquel tiempo electiva, ésta no pasó al hijo de Fruela, don Alfonso, por su corta edad y por el odio contra su padre, a veces tornado en temor por la venganza de Alfonso. Aurelio, hermano del futuro rey Vermudo e hijos ambos de un hermano de Alfonso I, llamado también Fruela (y distinguido como Fruela, el cántabro) , fue el elegido por el consejo de nobles.
Pasó a la Historia como un monarca poco aficionado a las armas, no dejando nada positivo para el recuerdo. Según la versión Rotense y Ovetense de las crónicas, «Prelia nulla exercuit, quia cum arabes pacem habuit», lo cuál puede significar tanto que era un gran diplomático como un gran pusilánime. Pactó con Abderramán I y le rindió vasallaje. Algunas versiones de la Leyenda de las cien doncellas, señalan que fue en este pacto donde se estableció el famoso tributo, por el cuál había que entregarle 50 doncellas plebeyas y 50 doncellas nobles a los musulmanes de forma anual. Sometió a las clases serviles rebeladas contra sus señores, haciéndoles esclavos por haberse sublevado, pero les dio mejor condición con maestría suma, según la Crónica Sebastianense.
Falleció en el año 774 de enfermedad, y fue sepultado en el valle de Langreo, en la iglesia de San Martín. Sin mujer o hijos, tenía su residencia en Baraosa, cerca de la antigua residencia de San Martín, hoy San Martín del Rey Aurelio. En 1882 se derribó en Sama de Langreo una antigua capilla dedicada a San Juan Bautista, donde apareció una inscripción en la que se hacía constar que en aquella iglesia había sido coronado Aurelio.
Silo
SILO (774-783)
Rey de Oviedo (774-783). Tras la muerte de Aurelio I, Silo alcanzó el trono al tener por esposa a Adosinda, hermana de Fruela e hija de Alfonso I, quien era una mujer de gran carácter que empequeñeció al monarca y buscaba que Alfonso II, como legítimo heredero, ocupara su lugar en el trono.
Fue coronado en Pravia y continuó la política pacífica de su antecesor, debido a que probablemente su madre era musulmana y emparentada con Abderramán, según la Albeldense: «Cum Spania ob causam matris pacen habuit», aunque no se sabe con seguridad cuál es el papel que desempeñase la madre de Silo en dicho pacto. Cuando se proclamó rey, se le sublevaron los gallegos, negándose a pagar tributo, a los que derrotó en el Puerto de Cuperio, hoy Cebrero.
Trasladó la capital a Pravia, al final de una comunicación que la enlazaba con Asturica Augusta, siguiendo el curso casi paralelo a la que iba desde León hasta Lucus Asturum. Así, haría frente a quienes partieran de Astorga para penetrar en Oviedo por el puerto de La Mesa. Más tarde emprendió campaña contra los moros y llegó a Mérida, trayendo los restos de Santa Eulalia, dejados en la iglesia de San Juan Evangelista, que el propio Silo fundó en Santianes, a dos kilómetros de Pravia. Allí figura la lápida donde la inscripción Silo Princeps fecit aparece escrita de doscientas maneras, (según otros hasta 2024), partiendo de la ese colocada en el centro de la lápida. Siendo de salud delicada por su avanzada edad, y aconsejado por Adosinda, cedió varias prerrogativas a don Alfonso, el hijo de Fruela, haciéndole ejercer de servidor real. Silo falleció en el 783 y fue enterrado en el Monasterio de San Juan Evangelista, fundado por Adosinda, quien quedó al frente de los negocios del reino, dándole a don Alfonso gran intervención.  
Murió sin descendencia, aunque se le atribuye la paternidad de Adelgastro. Sin embargo, a su muerte, los magnates se dividieron en dos facciones, una con Alfonso y otra con Mauregato, hijo bastardo de Alfonso I, apoderándose éste de la villa de Pravia. Ambos ejércitos se encontraban en la orilla del Nalón y se disponían a combatir cuando Alfonso recibió la noticia de que los moros de Mahamuel se habían apoderado de Oviedo. Raudo y veloz acudió a Oviedo a combatirle y vencerle. Mientras, Mauregato reforzó su ejército con la ayuda del rey moro de Córdoba, por lo que Alfonso se retiró a Navarra. Adosinda ingresó monja en el Monasterio de San Juan Evangelista y en él terminó sus días, sepultada con Silo. Más tarde don Silo y su esposa fueron trasladados a Oviedo, a San Juan de las Dueñas, hoy San Pelayo, en cuya iglesia, tras la capilla mayor, había un sepulcro con estas letras: H.S.E. S. S. T. T.L, que quiere decir: Hic situs est Silus sit tibi terra levis. Aquí yace Silo; séale la tierra liviana.
Silo dejó para la posteridad un importante documento, que hoy en día está custodiado en la Catedral de León. Se trata de un documento de donaciones, el más antiguo de los escritos en Asturias, fechado el 23 de agosto del año 775. La donación se realiza sobre varios monjes a los que se otorga un lugar para la construcción de vivienda y monasterio en la provincia de Lugo. El documento deja entrever como aun están funcionando los dictados de las reglas monásticas de San Isidoro y Fructuoso de Braga.
Mauregato
MUREGATO (783-788)
Rey de Oviedo (783-788). Era hijo bastardo de Alfonso I, producto de su unión con una mora llamada Sisalda. Impidió que Adosinda reconociera a su sobrino Alfonso como rey, habiendo sido elegido por ella. Convencidos de que Alfonso tomaría venganza, y alegando el bastardo que tenía más parentesco, los magnates apoyaron a Mauregato. Se apoyó en el emir de Córdoba contra los cristianos, asegurándole cien doncellas, cincuenta hidalgas y cincuenta villanas al año, o al menos eso es lo que afirma la leyenda del tributo de las cien doncellas. La primera vez que se atribuyó este suceso a Mauregato es en las crónicas de Alfonso X, el Sabio. Mientras, Alfonso huyó a Álava, con Mauregato intentando cumplir lo pactado, pues tras ser entregadas las doncellas fueron liberadas por cristianos, aunque posteriormente, en años sucesivos, se cumplió el pago. Entre las medidas preventivas estuvo la de encerrar en el monasterio de Santianes de Pravia a Adosinda, su hermanastra, para controlar la influencia que ella pudiese ejercer sobre la corte.
Durante su reinado Mauregato sufrió posteriormente los vaivenes provocados por la polémica sobre el adopcionismo (mucho más importante que el supuesto tributo de las cien doncellas), herejía de la iglesia mozárabe hispana bajo la inspiración de Elipando de Toledo y Félix de Urgel, respondida por el Beato de Liébana y su discípulo Eterio, obispo de Osma. De este modo, se independiza la iglesia asturiana de la carolingia y la mozárabe. A su muerte, fue sepultado en la Iglesia de San Juan de Pravia.
Mauregato murió hacia el año 788 (casi al tiempo que Abderramán I), no gobernando más que un lustro. Tirso de Avilés, en su obra Casas solariegas, armas y blasones del Principado, dice que en el sepulcro del rey Mauregato se hallaba grabada la siguiente inscripción: HIC IACET IN PRAVIA, QUI PRAVUS FUIT. (Aquí yace en Pravia, el que fue depravado)

BERMUDO I el Diácono (788-791)

Vermudo o Bermudo I el diácono, rey de Oviedo (788-791). Llamado el diácono puesto que, al parecer su padre le ordenó tomar estos hábitos y dedicarse a las letras. Fue elegido por los nobles en su intento de cerrar el acceso al trono a Alfonso, por miedo a las represalias que pudiera emprender por el asesinato de su padre. Además, éstos buscaban que la corte mantuviera el período de paz establecido con los musulmanes, y siendo Bermudo hermano de Aurelio e hijo de Fruela, aun siendo también hermano de Alfonso I, el Católico, podría lograrse ese objetivo. Bermudo estaba consagrado a la Iglesia y tenía dignidad de diácono, lo que favorecía las esperanzas puestas en él.
A fin de tener sucesión, contrajo matrimonio con Ursenda, aunque se apartó de ella y guardó castidad el resto de su vida, tras tener dos hijos, Ramiro y García. Sin embargo, aun habiendo sido elegido para el descanso y sosiego propios de un diácono, hubo de enfrentarse a los árabes. Hixam I comienza a reinar en Córdoba y prepara dos ejércitos para combatir a los politeístas, mandados por Ubayd Allah ben Uthman, que alcanzó la Bureba, por el Ebro, y otro, dirigido a la parte occidental del reino, mandado por Yusuf ben Bujt. El primero invade Álava y Bardulia, y otro marcha hacia Galicia y retrocede hasta Astorga. Bermudo le hizo frente en Villafranca del Bierzo, pero fue derrotado en el río Burbia, en Astorga. Eso le obligó a abdicar del trono, otorgándoselo a Alfonso II. El diácono Bermudo se retiró al claustro nuevamente, falleciendo pocos años después. Fue sepultado en el panteón de reyes de la catedral de Oviedo
Alfonso II el Casto
ALFONSO II el Casto (791-842)
Rey de Oviedo (791-842), con quien se produce un profundo proceso de renacimiento interior en todos los órdenes. Hijo de Fruela, es llamado a reinar por los magnates palatinos y la reina Adosinda, a la muerte de su tío Silo I; pero fue desposeído del trono por un bastardo de Alfonso I, Mauregato, por lo que se vio obligado a refugiarse en tierras alavesas, de donde procedía su madre. Fue marginado del trono por los sucesos con su padre. Nacido probablemente en Oviedo, poblado unos años antes por el presbítero Máximo, se vería alejado durante largo tiempo del trono paterno. Cuando se hizo cargo del Reino, éste tenía la extensión actual de la provincia, con los límites vasconavarros y gallegos. Trasladó la corte a Oviedo, que había crecido rápidamente. Mientras, se había casado con doña Berta, viviendo castamente con ella. En el 791, tras renunciar Bermudo al trono, sucesor de Mauregato, es restituido en el trono, viéndose nuevamente alejado, aunque por muy escaso tiempo, a consecuencia de una revuelta palatina rápidamente sofocada por sus fieles, hacia los años 801 u 802.  
Grabado figurativo de Alfonso II el Casto (siglo XVIII)Tras el saqueo de Oviedo a manos de Abd al-Malik en 794, Alfonso decide evitar riesgos y se alió a Carlomagno, con quien mantuvo contactos con resonancias a partir de la herejía adopcionista. Dadas las divisiones internas entre los árabes, en el 798 Alfonso decide emprender la ofensiva, llegando triunfante hasta Lisboa. Al-Hakam, emir cordobés, apuesta por frenarle con Abd al-Karim, cuando Alfonso estaba con su ejército en los confines de Castilla la Vieja, cerca de Miranda de Ebro. Tras tres días de enconada lucha, los cristianos se retiran por la superioridad enemiga, refugiándose en los desfiladeros del Pancorbo (816). Tras el saqueo de Álava por Abd al-Rahman II en el 822, Alfonso vence repetidas veces a los árabes en Galicia estableciéndose una tregua de doce años, aprovechada para reorganizar el régimen interior de los estados, engrandeciendo y fortaleciendo Alfonso la ciudad de Oviedo y, pensando en convertirla en el nuevo Toledo.
La iglesia dedicada al Salvador, fundada por Fruela, y casi destruida en los reinados anteriores, la restauró con amplitud, siendo consagrada en el año 802, con asistencia de siete obispos refugiados en Oviedo. Levantó la Iglesia de Santa María, hoy capilla del Rey Casto, edificó otra iglesia de San Miguel, San Julián de los Prados, a un estadio de la ciudad, proveyó de agua a Oviedo por medio de un acueducto cercano a San Lázaro, construyó el hospital de San Nicolás, una muralla, y un palacio. Los escritos teológicos del Beato de Liébana, algo anteriores a su reinado, son buena prueba del saber teológico de la época. Es también en época de Alfonso II cuando por primera vez se tiene constancia de las relaciones exteriores del reino de Oviedo, como la embajada con Carlomagno y Pío Ludovico, o la expedición a Lisboa del año 797.  
Entre los logros mayores de su reinado figura la donación de la Cruz de los Ángeles para el templo del Salvador, con gran cantidad de oro y piedras preciosas, recogido en las incursiones contra los moros, que la leyenda atribuye a unos ángeles, aunque por su inspiración parece obra de orfebres bizantinos. En cada brazo de la reliquia hay una inscripción de oro que traducida del latín dice así: Este don permanezca en honra de Dios, siendo recibido agradablemente; ofrécelo el humilde siervo de Cristo Alfonso. Con esta señal el bueno es defendido; con esta señal es vencido el enemigo. Quien quiera que presumiere quitármelo, sea muerto con rayo del cielo, sino cuando mi libre voluntad lo ofrezca. Acabóse esta obra en la Era de ochocientos veintisiete. 
Es el blasón de la Santa Iglesia Catedral de Oviedo y también constituye el escudo de dicha ciudad.
También se encontró en su reinado el cuerpo del apóstol Santiago, que supuestamente huyó hacia España, y estaba en Galicia enterrado, aunque su memoria se había perdido. El año 814 don Alfonso ordenó edificar una catedral en honor del santo, rumor que se propagó por todo el orbe cristiano, creciendo la devoción por el santo y viniendo de Francia, Italia y Alemania multitud de peregrinos.
A los ochenta y cinco años de edad, y cincuenta y dos años de reinado con grandezas y triunfos, Alfonso II falleció. Su muerte provocó dificultades en la sucesión al no haber dejado descendencia directa y haberse negado a que la descendencia indirecta reinase. El Conde Nepociano se autoproclamó rey, al tiempo que Ramiro era designado como sucesor legal. De la batalla entre ambos producida en el río Narcea, salió victorioso Ramiro I.
Se le considera artífice de la creación del Reino de Oviedo, por la reconstrucción de la ciudad que llevó a cabo y las nuevas edificaciones que construyó durante su reinado y que se recogen en su testamento del año 812. La convocatoria de concilios obispales por parte de Alfonso II sumado al hecho de que Oviedo fuese ciudad-refugio de varios obispos huídos, hizo que ya por estas fechas se conociese a Oviedo como ciudad de los Obispos.
Ramiro I
RAMIRO I (842-852)
Rey de Oviedo (842-850). Hijo de Bermudo el diácono y doña Osenda o Nunilo, por lo tanto primo de don Alfonso II, fue sucesor de Alfonso por elección de los ricos-hombres o magnates, habiendo sido célibe Alfonso II. Siendo viudo, acudió a tierras de Bardulia (hoy Castilla) a contraer nuevo matrimonio con Paterna, una gran señora del país. En su ausencia, uno de los magnates de Vasconia, el conde Nepociano, casado con una hermana de Alfonso II, aspiró a ocupar el trono asturiano, promoviendo una insurrección de los vascones, sin éxito: Ramiro pronto usará de un ejército en Galicia para reprimir la revuelta. En un valle a orillas del río Narcea, junto a Cornellana, se dio la batalla que ganó Ramiro. Nepociano, huido hacia Pravia, fue traicionado por los condes Escipión y Sonna para alcanzar el perdón del vencedor. Ramiro ordenó que le sacaran los ojos y le encerrasen en un monasterio de por vida.  
Otros levantamientos sufridos en el reinado de Ramiro fueron los de los condes Aldroito y Piniolo, inducidos por Nepociano, que desde su celda seguía intrigando, corriendo ambos su misma suerte. La misma suerte corrieron los bandidos de las montañas y con los hechiceros y adivinos, a los que mandó exterminar y quemar vivos. En el 846 hizo frente a Abderramán II, que puso sitio a León. En 848 frenó la expedición que llevaba hacia Álava al-Mondhir, hijo de Abderramán. También en esta época, Oviedo fue invadida por los normandos, que desembarcaron en las costas de Gijón. Los asturianos les obligaron a retirarse a Galicia, desembarcando luego en Brigantium, hoy Coruña. Don Ramiro los persiguió con su ejército, quemándoles setenta navíos en una gran victoria. El resto huyó a Sevilla, que fue invadida. Entonces Ramiro dirigió sus esfuerzos a combatir a los musulmanes.
La batalla más famosa del reinado fue la de Clavijo el 23 de mayo de 844. Abderramán II buscó un pretexto para declararle la guerra, como el convenio firmado por Mauregato. Ramiro se adelantó y avanzó con sus tropas hasta La Rioja, en poder de los moros. Abderramán salió a su encuentro cerca de Albelda, retirándose Ramiro a Clavijo, donde tuvo un sueño en que se le apareció Santiago apóstol asegurándole que vencería. Apenas amaneció, y con la noticia compartida por prelados y ejército, bajaron los cristianos llenos de ánimo invocando el nombre de Santiago. Aquel ataque inesperado pilló a los sarracenos por sorpresa. Entonces, según la leyenda, se dejó ver Santiago en un caballo blanco, lo que causó espanto en las filas sarracenas. La llanura donde se desarrolló la batalla recibe aún hoy el nombre de Campo de la Matanza. A raíz de esta victoria, Ramiro estableció un voto sobre tierras y viñas para enviar a la iglesia de Santiago apóstol. Tuvo lugar la batalla el año 844, y se tiene por cierta, en tanto que Julián Cantera Orive, en su libro La batalla de Clavijo aporta documentos suficientes.
A raíz de la victoria, Ramiro mandó construir en la falda del monte Naranco, cerca de Oviedo, una iglesia dedicada a San Miguel Arcángel, y cerca de ella un palacio. El estilo arquitectónico de estas construcciones a recibido el nombre de arte ramirense. El palacio, al deteriorarse la iglesia de San Miguel, fue convertido en iglesia y es Santa María del Naranco. También levantó la iglesia de Santa Cristina de Lena. Falleció en el 850 y fue sepultado en la Capilla del Rey Casto, de la catedral de Oviedo, junto a su padre. En su sepulcro hay un epitafio, que traducido al castellano, dice: «En primero de febrero de la era de 888 (850 de J.C.) murió el rey don Ramiro el primero. Todos los que esto leyeren no cesen de rogar por su descanso perdurable».
Ordoño I
ORDOÑO I (850-866)
Rey de Oviedo (850-866). Hijo de Ramiro, a quien sucedió en el trono como rey de Oviedo. Se discute que pudiese ser hijo de Paterna, ya que el matrimonio de esta con Ramiro fue tan solo ocho años antes de que Ordoño accediera al trono, y ya era hombre adulto cuando fue coronado. Fue de condición dulce y piadosa, ganándose las voluntades de la nobleza y del pueblo.
Ordoño se vio envuelto en múltiples luchas con vascones y árabes, al poco de subir al trono. Los primeros en rebelarse fueron los vascones, espoleados por los árabes. Al año siguiente tuvo que vérselas contra un godo llamado Muza, que se había hecho mahometano y se había apoderado de extensos territorios en Toledo, Zaragoza, Huesca y Tudela. En principio apoyado por Ordoño, después vio como el avance de Muza llegaba hasta la Rioja, apoderándose de Albelda. Ordoño reunió sus huestes, las dividió a la mitad y envió una a poner sitio a Albelda y otra con él al encuentro de Muza. Muza estaba acampado en el monte Laturce, cerca de Clavijo, y fue derrotado tras un duro combate, muriendo por las heridas recibidas. Albelda fue arrasada, debido a que no convenía al monarca extender mucho sus fronteras por la dificultad de conservarlas. Repobló los altos valles leoneses, la comarca del Bierzo, las ciudades de León, Astorga y Tuy, fortificando Amaya y Castilla.
Lobia o Lupo, hijo de Muza, en vez de intentar vengar a su padre, ofreció sumisión y vallasaje a Ordoño, pidiendo protección para defenderse de Mahomed, califa cordobés. Envió Ordoño su ejército para liberar Toledo, pero Mahomed le tendió una celada cerca del Guadalacete, un arroyo que corre cerca de Villaminaya. Los cristianos se retiraron aun sufriendo menos bajas, y Mahomed retiró el cerco a Toledo, recuperándola después (855).
Las continuas discordias entre los árabes sirvieron a Ordoño para ampliar sus conquistas. Comenzó una campaña contra ellos que le llevó a conquistar Coria, llevándose preso a su gobernador, Zeid. En otra expedición, capitaneada por el conde Rodrigo, de su confianza en las Bardulias, se apoderó de Talamanca, situada a quince kilómetros de Torrelaguna, llevándose cautivo al gobernador Murzuk con su esposa Balkaiz, a quienes después puso luego generosamente en libertad. Los moros, cautivos en las diversas expediciones, fueron llevados y utilizados por Gatón, encargado por Ordoño de restaurar Astorga y para trabajar en los campos. Según se cree, de ellos descienden los llamados maragatos, de mauros captos.
La relativa paz disfrutada esos tiempos sirvió a Ordoño para reedificar las ciudades arruinadas con tantas guerras, entre las que figuran León, Astorga, Tuy, Amaya, &c. Otorgó un privilegio en favor de la catedral de Oviedo, donando oro, plata, la mitad del portazgo de Oviedo y de las multas del mercado, varias iglesias, monasterios y heredades, concediendo a los vecinos de la ciudad exenciones y franquicias muy importantes. Hallándose enfermo de gota, falleció Ordoño en Oviedo el 27 de mayo de 866, tras 16 años de reinado. Fue enterrado en la Capilla del rey Casto, de la catedral de Oviedo, donde descansan sus restos mortales en unión de los de su esposa Munia. Dejó por hijos a Alfonso, Bermudo, Nuño, Oduardo, Fruela y Aragoncia o Argonta, a quien otros llaman doña Urraca.
Alfonso III el magno
ALFONSO III el Magno (866-910)
Rey de Oviedo (866-910). Era hijo de Ordoño I, y ya desde los catorce años gozaba de una prerrogativa para regir la tierra de Galicia, bajo la obediencia de su padre. Fue consagrado rey a los 18 años, el día de Pentecostés, 26 de mayo de 866. Al morir su padre, Alfonso se hallaba en Álava, lo que aprovechó Froila Bermúdez, conde de Galicia e hijo de Olemundo, para proclamarse rey de Galicia, buscando en Oviedo adeptos para ser rey también de Oviedo, aunque sus propios partidarios le asesinaron. Así don Alfonso fue recibido con entusiasmo y tomó posesión del trono, orientando los esfuerzos gallegos hacia la reconquista y repoblación de su reino, superando las fronteras occidentales el Miño, alcanzando Oporto en el 868, repoblándose las tierras comprendidas entre el Miño y el Duero. Estableció el río Mondego como frontera occidental, siendo Coimbra, Zamora y Toro las avanzadillas (en lugar de Tuy, Astorga y León). Venció las expediciones del emir Muhammad I contra las comarcas gallegas y castellanas, y a los caudillos árabes Almondhir, hijo del emir de Córdoba, Abderramán II, y Alcama quienes cercaron León infructuosamente. Lo mismo sucedió con el asedio de Zamora de 874 del califa de Córdoba, Mohamed Avenloque. Alfonso encontró sus mejores aliados en los cabecillas rebeldes al emirato cordobés: en el Este los Banu Qasi, en el Oeste Ibn Marwab, apodado «el hijo del gallego» y en la serranía andaluza el indómito Umar ben Hafsun. Gracias a su matrimonio con la princesa navarra Amelina, conocida con el nombre de Jimena, de la estirpe real de los godos, cuyo fruto fueron sus hijos García, Ordoño, Fruela y Gonzalo, arcediano de Oviedo. Tales apoyos le permitieron formar un poderoso ejército, alcanzando la Lusitania y llegando más allá del Duero.
Vivió numerosas conspiraciones en su reinado: sus hermanos Froilán, Odoario y Bermudo intentaron arrebatarle el trono. Tras distribuir su reino entre sus hijos, encargando a Ordoño Galicia; a Fruela, Oviedo y a su primogénito García, las vastas tierras foramontanas, Doña Jimena, esposa de Alfonso, persuadió a su hijo García para levantarse en armas contra su padre, lo que hizo que su padre le encerrase en el castillo de Gauzón. Los males, sin embargo, no terminaron aquí: García estaba casado con una hija del conde de Castilla, Munio Fernández, señor muy poderoso en riquezas y vasallos, y con la ayuda de la reina y de los hermanos del preso, hicieron la guerra durante dos años a don Alfonso.
Tras estos acontecimientos, el Magno se retiró a la villa asturiana de Boides, hoy Puelles, cerca de Valdediós, donde aún existe la famosa basílica de San Salvador, construida por don Alfonso. Finalmente falleció en Zamora el 20 de diciembre del 910, tras 48 años de reinado. Fue sepultado en Astorga y doña Jimena iría después con él, para ser ambos trasladados al Panteón de los Reyes en la catedral de Oviedo. A su muerte, García I traslada a León la corte, al ser un lugar con mayor importancia estratégica, dada la extensión del reino.
Destaca entre sus obras el engalanamiento de la Cruz de la Victoria, símbolo de roble enarbolada por Pelayo como pendón en Covadonga y recogida por Favila y guardada en Cangas, dedicada a la Santa Cruz. En el castillo de Gauzón fue cubierta de oro y piedras preciosas, así como con inscripciones latinas en cada brazo. La del brazo superior dice: Recibido sea este don con agrado, en honra de Dios, que hicieron el príncipe Alfonso y su mujer, Jimena. En el brazo derecho: Cualquiera que presumiese quitar estos nuestros dones, perezca por el rayo de Dios. En el izquierdo: Esta obra se acabó y se entregó a San Salvador, de la catedral de Oviedo. En el brazo inferior: Con esta señal es defendido el piadoso; con esta señal se vence al enemigo. Hízose en el castillo de Gauzón el año 42 de nuestro reinado, corriendo la era 946 (Año 908 de J. C.). En la actualidad se conserva esta valiosa e histórica cruz en la Cámara Santa de la catedral de Oviedo.
Biografías obtenidas de la Enciclopedia de Oviedo


A continuación una serie de mapas donde se observa el crecimiento de los reinos cristianos a traves de la reconquista
España en el siglo X
el reino de león en el siglo XI
elreino de  León en el siglo XII
España de 1157 a 1212
España entre los siglos IX al XI
España entre los siglos XII al XIV




Volver
Colaborar