Rey de León (914-924). Fue elegido
Rey de León a la muerte de su hermano, aunque ya llevaba
gobernando en Galicia desde 910, uniendo los dos Reinos bajo
su mandato. Fijó su residencia definitiva en León.
De temperamento mucho más fuerte que su hermano, fué,
sin lugar a dudas, uno de los monarcas más grandes de la
historia del Reino de León. Se dedicó prontamente
a guerrear contra los musulmanes. Se alió con Sancho Garcés
I de Navarra para combatir las aceifas que aquellos comenzaron a
lanzar contra los Reinos Cristianos. El Califa Abderraman III, que había
conseguido pacificar Al-Andalus, decidió poner fin a la
alianza navarro-leonesa y mandó un potente ejército
para devastar Pamplona. El Rey navarro solicitó la ayuda del
leonés y este invitó a varios Condes de Castilla a que
le siguieran en la empresa, pero estos se negaron. En Valdejunquera
los cristianos fueron totalmente derrotados por los moros, aunque estos
desistieron de seguir su avance ante el inmenso botín conseguido.
Ordoño II mandó entonces reunir a los condes castellanos
que no habían acudido a la lucha junto a él y los encerró
en una carcel de León, nombrando Conde de Castilla a Fernando
Ansúrez, leal al Rey. A pesar del fracaso anterior, Ordoño
II siguió batallando contra los moros y tomó Nájera,
que pasaría a la corona de su aliado Navarro.
En el 924 la muerte le sorprende entre Zamora y
León. Fue enterrado en la antigua Catedral de la capital
del Reino. Estuvo casado con su prima Elvira (892), con la que
tuvo seis hijos (Alfonso IV, Ramiro II, García, Sancho,
Jimena y Aurea), con Aragonta (922), dama gallega a la que repudió,
y con Sancha (923), hija del monarca navarro, buscando esa alianza
que mantuvo hasta su muerte
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