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LOS VISIGODOS
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SISEBUTO
(612-621)
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Sisebuto fue el vigesimotercer rey de los visigodos
de Hispania, sucedió a Gundemaro, y reinó desde la primavera
del 612 hasta febrero de 621. Probablemente pertenecía a la misma
tendencia nobiliaria que su antecesor. A Sisebuto hay que atribuir la
construcción de la Iglesia de Santa Leocadia en Toledo, que más
tarde fue sede de cuatro concilios.
Conocemos algunas de sus características
personales: desaprobaba el teatro (al parecer en la época estaba
mal considerado al menos entre los católicos, pues Isidoro de Sevilla
también lo desaprobaba) y en una carta reprende al obispo Eusebio
de Tarraco (que ya era obispo en el Sínodo provincial de la Tarraconense
del 614) por su afición al arte escénico.
Sabemos que designaba obispos,
pues en la misma carta en que reprendía a Eusebio, ordenaba a éste,
como metropolitano, que consagrara obispo de Barcino al portador de la
carta. Era contrario a que los obispos entraran en monasterios, pues cuando
Cecilio de Montiel quiso hacerlo (seguramente después de su liberación
por los bizantinos) fue duramente reprendido por el rey quien además
expuso su punto de vista a otros Obispos que hizo llamar al efecto. En
cambio trató afectuosamente a su hijo Theudila que había
ingresado en un monasterio. Sisebuto participó en la política
internacional de la época, intentando (sin el menor éxito)
convertir al catolicismo al rey lombardo Adaudaldo o Adaloaldo, que era
arriano (gobernó del 616 al 626).
Como escritor gozó de
cierta fama debido a un poema sobre los eclipses (la llamada Epistula
sisebuti y a su obra “Vida de San Desiderio” en la cual narra la vida del
santo galo, que fue ejecutado hacia el 606 o 607 por orden del rey Teodorico
de Borgoña y de su abuela la visigoda Brunegilda, ambos enemigos
de diversos reyes visigodos.
Con Sisebuto se inició
una feroz persecución de los judíos. La primera norma
legal sobre ello deriva de una ley, completada con una carta que fue
enviada a tres obispos: Cecilio de Mentesa (Montiel), Agapius de Córdoba,
y Agapius de Tucci (Martos); asimismo iba dirigida a los jueces y sacerdotes
de estas tres ciudades y de otras nueve ciudades de la Bética oriental
y del sur de la Cartaginense. En la ley, el rey deploraba el incumplimiento
de las normas de Recaredo sobre los judíos. Debió ser publicada
casi al principio de su reinado, antes de julio de 612 (y probablemente
en marzo o abril). La ley intentaba que ningún judío pudiera
poseer esclavos cristianos, ni manumitidos bajo su patrocinio, e incluso
promovía la idea de que ningún judío pudiera tener
trabajadores a sueldo (aunque no llegó a ponerse en práctica);
la ley preveía que los judíos deberían vender a cristianos
y a un precio razonable a sus esclavos cristianos y sus propiedades (peculium).
No podían venderlos a sus correligionarios en África o Francia
y la venta debía realizarse cerca del lugar de residencia; si el
esclavo no poseía propiedades el dueño debía proporcionarle
alguna. El judío podía manumitir al esclavo que en tal caso
se convertía en ciudadano romano, sujeto a las leyes correspondientes,
pero sin posibilidad de patrocinio por parte del antiguo amo judío.
Las ventas ficticias eran castigadas severamente. La ley entraba en vigor
el 1 de julio de 612 y si se descubría que después de esta
fecha algún judío poseía un esclavo se le confiscaría
la mitad de sus propiedades y el esclavo sería liberado. En cuanto
a convertir a un cristiano al judaísmo, se agravaron de nuevo las
penas (suavizadas por Recaredo) y, como en tiempos de Alarico II, el judío
sería ejecutado y sus propiedades confiscadas; el converso al judaísmo
que no quisiera volver a la fe católica, sería azotado públicamente,
sufriría decalvación y sería entregado como esclavo
a la corona o a alguien designado por el rey. Un judío que se
casara con un católico (lo que era ilegal) y se negara a convertirse,
sería desterrado de por vida, pero si se convertía al catolicismo
podría conservar sus bienes incluyendo los esclavos. Finalmente
el rey lanzaba una maldición sobre los futuros monarcas que no hicieran
cumplir la ley. Al parecer, la ley de Sisebuto contó con la aprobación
del officium palatino, pero el clero se mantuvo al margen.
Además de la ley se pusieron
en práctica otras medidas por la mera orden real sin la apoyatura
de una ley o un Concilio: los hijos de los matrimonios mixtos deberían
ser bautizados como cristianos. Las conversiones forzadas se hicieron
extensivas a algunos judíos hacia el 615, sin contar con la abierta
aprobación de la Iglesia católica, que no obstante admitió
los hechos consumados. Algunos judíos emigraron a Francia, pero
parece que la mayoría permaneció en Hispania donde, pasado
el furor inicial, la persecución disminuyó.
Casi inmediatamente de acceder
al trono debieron rebelarse los asturianos, pero Riquila, conde o Thiufadi
los sometió rápidamente, aunque probablemente sin lograr
dominar por completo las inaccesibles montañas asturianas. Otro
general, Suintila, dominó a la tribu de los roccones, refugiados
en sus montañas, que probablemente era una tribu gallega o astur
(y no cántabra como sugieren algunos autores) identificada con
la tribu de los runcones con la que había combatido el rey suevo
Miro el 572.
Probablemente también
hubo revueltas en Cantabria (¿612?), y los vascones prosiguieron
su actividad saqueadora pues al año siguiente (613) Sisebuto se
embarcó (no sabemos donde) en una flota visigoda de reciente creación
(que se compondría de unos pocos barcos), y desembarco en las
costas de Cantabria y Autrigonia (Vardulia y Caristia) para combatir a
cántabros y vascones, sin que sepamos el resultado de los combates,
aunque es seguro que no lograron dominar por completo las zonas montañosas
de Cantabria y seguramente tampoco pudieron controlar totalmente a los
feroces vascones de la actual Euskadi.
En los años 611 y 612
algunos eclipses fueron visibles en diversas partes de Hispania, y seguramente
la ignorancia del pueblo propició un renacimiento de prácticas
paganas, aun bastante extendidas en el campo y mayoritarias en determinadas
zonas como Asturias, Cantabria y Vasconia. Mientras estaba en campaña
en Cantabria o en Vasconia, en el 613, Sisebuto compuso un notable poema
sobre los eclipses, que dirigió al obispo de Sevilla Isidoro. El
poema se titula Astronomicon y consta de cincuenta y cinco versos hexámeros
latinos. El 13 de enero del 614 se reunió un Sínodo de la
Tarraconense en Egara (actual Tarrasa), presidido por el metropolitano
Eusebio, en el cual se confirmaron las decisiones del Sínodo de Osca
(actual Huesca) del 598 sobre celibato de clérigos.
El 614 y el 615 combatió
contra los bizantinos, contra los que obtuvo diversas victorias, y entre
ellas una de muy importante: la conquista de Málaga. En el Sínodo
de Sevilla del 619 ya aparece en las actas el obispo de Málaga,
Teodulfo. Parece ser que el gobernador bizantino Carsarius apeló
al rey visigodo para que cesara la guerra para evitar que corriera más
sangre católica, y Sisebuto, muy sensible a ese tema, le atendió,
pues todo indica que en una tercera campaña habría logrado
expulsar definitivamente a los bizantinos de Hispania. Carsarius liberó
al obispo Cecilo de Mentesa (Montiel) al que tenía prisionero,
y se ajustó la paz. Algunos autores sostienen que las tropas visigodas
cruzaron el Estrecho y sometieron algunas plazas bizantinas o de jefes
bereberes más o menos vinculados al imperio.
Nada importante sabemos de sus
actividades entre el 616 y el 619. En este último año se
convocó un sínodo provincial de la Bética en Sevilla,
en la Iglesia del Sagrado Corazón, presidido por el obispo Isidoro.
Asistió al acto un funcionario con el título de Viri Illustris
y el cargo de Rector rerum fiscalium, que probablemente era el delegado
del comes patrimonii en la Bética, que tenía un nombre godo
(Suanila) lo que indicaría que algunos godos empezaban a asumir
funciones que antes solo sabían desarrollado los hispanorromanos.
También asistió otro Vir Ilustre, al que se hace referencia
como rector rerum publicarum, llamado Sisisclo, que se cree debía
ser el conde local (o el dux provincial) se ocupó de algunas cuestiones
disciplinarias y organizativas, de los errores en el derecho canónico
del fallecido obispo de Córdoba, Agapius (fallecido en 619), y
de los herejes acéfalos, que estaban dirigidos al parecer por un
sirio llamado Gregorio, el cual fue convencido por Isidoro del error de
sus ideas y admitido en la Iglesia Católica, tras reconocer aquel
que había dos naturalezas en una sola persona, un único y
mismo Jesucristo, y que la naturaleza de la divinidad no podía sufrir.
Sisebuto murió en febrero
del 621, en Toledo y de muerte natural, sucediéndole su hijo Recaredo
II.
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